Durante un curso de Spip, para distinguir las palabras enlazadas de las no enlazadas, la profe dice:
No es hipertexto, son letras muertas.
Durante un curso de Spip, para distinguir las palabras enlazadas de las no enlazadas, la profe dice:
No es hipertexto, son letras muertas.
Hoy en el curro hemos tenido una reunión (habitual en las ONG) sobre hacia dónde nos dirigimos, quiénes somos y cómo sostener los proyectos.
Me gustaría contaros de qué hemos hablado, pero creo que transparentar tanto nuestros pensamientos no acaba de entusiasmar *.
Así que se me ha ocurrido que -ya que no puedo contar ideas de grupo- cuento las mías propias.
Está bien de vez en cuando preguntarse qué quiere ser una, ahora o de mayor. Es como soñar con los ojitos abiertos y te ayuda a no aferrarte a lo que se está haciendo en el momento, cosa que -aunque te mole tu curro- nunca será definitiva.
Entonces… ¿qué quiero ser de mayor? ¿qué no me importaría hacer?
* = Aunque sigo pensando de qué manera podemos dibujar nuestras ideas porque cada vez pienso más que visibilizar un proceso mental y compartirlo ayuda un montón.
Es misterioso que los billetes del tren o del autobús indiquen hacia dónde se dirige tu viaje. Lo dicen… así… tan serios y tajantes… ¡Y ellos qué saben!
Por eso me gustan más los del metro. No dicen dónde vas. Aunque sí te ponen límites de distancia con respecto a lo que hayas pagado.
A veces pinto en los billetes para que me hablen un poco más. Les pinto bocadillos que me preguntan si no prefiero ir a otro sitio y si no podría hacer otra cosa en el sitio al que pienso ir. Me preguntan si en mi coco y el resto de mi cuerpo hace sol, igual que tanta gente se pregunta por el tiempo fuera de sus cuerpos.
Algunos billetes son cotillas, parpadean y conjeturan con las chicas a las que miraré y me devolverán su mirada.
Otros billetes son pesimistas. Dicen “otro lugar más que no te contará nada nuevo, todos se parecen tanto”.
Otros son entusiastas. Sin llegar ya se imaginan algunos personajes, algunos encuadres, algunos colores que tendrán las fotos que dispare.
Pero, ¡ah!, todavía me falta arriesgarme y hablar con los billetes largo y tendido sobre los límites de mis viajes, como hablan los billetes del metro, pero no sólo en el aspecto económico y kilométrico… ¿Hasta dónde soy capaz de llegar… en realidad?
Creía que era la manifestación que hubo en Jaén -y en muchos lugares de España- cuando la ETA asesinó a Miguel Ángel Blanco. Era verano, era piscina. La pandilla hizo un círculo con las toallas. Alguien dijo: “No lo van a hacer, claro que no”.
Pero no. La primera manifestación que hicimos fue aquella que nos inventamos en la plaza del pueblo. Gotarrendura. También verano. Éramos cuatro micos y le dimos varias vueltas a la fuente seca. Luego nos dispersamos.
Quizá todo empezó cuando ese par de misioneros dieron la charla en el colegio. Estábamos en ese lugar tan fascinante que era el salón de actos. Olía a polvo. A casa vieja que cruje. A objetos con historias.
No recuerdo qué contaron. Probablemente no reaccionamos apenas a lo que nos contaron. Probablemente se fueron con la sensación de que no había servido de mucho estar allí.
Hace 5 años que empecé a bloguear.
Ya hace algunas ideas que me viene rondando la cabeza una idea. Se trataría de un proyecto que mezclaría lo literario, lo activista y el cómic.
Se trata de contar las experiencias de personas que son activistas no puntuales, sino como forma de vida, y publicar esto. La idea inicial es hacerlo en cómic, pero como esto tardará podría ir publicando capítulos en texto.
En realidad hablo de una “idea” y ya tengo bastantes cosas avanzadas.
El nombre se lo he robado a la gente de la campaña Levántate ZP que se pusieron Cuatro gatos como nombre. Lo puse en femenino porque la mayoría somos chicas.
No sé cómo saldrá… pero me gustaría ver eso: un cómic sobre activistas con historias reales y poquita ficción. Que hable de dilemas, de las aventurillas, de los cacaos mentales, de cómo metemos la pata… Estaría guay.