Me hace mucha gracia cuando se me acerca alguien y -mirándose los pies- me habla de su nuevo blog.

También tiene su gracia -y a la vez su punto trágico y escandaloso- que tras un taller te escriban miembros de ONG confesándote que han hecho un blog, pero que sólo te lo cuentan a ti porque el resto no está de acuerdo o no entiende para qué sirve su esfuerzo.