El martes acabó el taller que he estado impartiendo durante cinco días en San Fernando de Henares. Los últimos minutos estuvimos hablando sobre varias cosas.

Luis pertenece a una asociación de enfermxs, ex alcohólicxs y familiares. Habló de que se habían presentado a la convocatoria Tú eliges, tú decides de Caja Navarra.

Se trata de una iniciativa en la que esta caja permite que quienes utilizan sus servicios decidan en qué quieren que se invierta el dinero de la obra social.

Yo ya la conocía desde hacía algún tiempo. No había profundizado nada en ella, pero la idea me pareció bonita porque implicaría que la gente se mojara en conocer proyectos.

Luis me contó que estaban decepcionados porque su proyecto no había logrado nada.

No sé cuáles habrán sido los resultados de la convocatoria, pero malpensando imagino que de una edición como ésta, los proyectos que habrán conseguido más dinero versarán sobre temas como infancia o ayuda humanitaria.

Los temas excluidos pueden haber sido cuestiones de solidaridad fea como las adicciones, la exclusión de personas sin hogar o el VIH/sida.

Vale, estoy suponiendo. ¡Peazo periodista! La suposiciones son gratis. ¿Dónde está la información? La verdad es que -en el rato que le he dedicado- he sido incapaz de encontrar los resultados de la convocatoria para confirmar mis suposiciones o callarme la boca. Así que demos el beneficio de la duda.

Lo que sí he encontrado es un texto crítico de Miguel Izu:

Resulta que no han pensado que algunos podríamos elegir no tener que decidir, y como mucho nos permiten cada año elegir que nuestra parte se distribuya equitativamente entre todos los proyectos que compiten entre sí.

Como dice ese sujeto disfrazado de alce de los anuncios, puede preferir apoyar al equipo de su barrio antes que a la conservación del patrimonio. Y de hecho, eso sucede; que cada cliente tiende a ayudar a “su barrio”.

Al final, puede suceder que cada barrio, que cada colectivo, se ayude a sí mismo. Los clubs deportivos de barrios más acomodados y los que tengan más socios recibirán más ayuda que los de barrios más modestos o con menos seguidores. Las asociaciones que abordan aficiones, enfermedades, discapacidades o problemas más minoritarios o más desconocidos tenderán a recibir menos apoyos que las instituciones más populares y mejor publicitadas.

Hemos vuelto a los orígenes; cada cliente decide más o menos caprichosamente a quien otorga su limosna, es el retorno a la antigua y graciosa beneficencia. Supongo que es signo de unos tiempos rabiosamente individualistas que esto no provoque la menor atención, que salvo el que esto suscribe nadie encuentre motivos para criticar el “tú eliges, tú decides”, que tenga tan buena prensa.

¿Estamos preparadxs para votar, sea en unas elecciones políticas o iniciativas de este tipo? ¿Realmente nos documentamos y reflexionamos antes de hacerlo? ¿Nuestra decisión mira por el bien común, sólo por nuestro beneficio personal… o responde más bien a un capricho puntual?

Por otro lado… ¿Por qué hay tanta transfobia entre la gente homosexual si las letras LGTB siempre van juntas? ¿Por qué los proyectos de cooperación compiten por las ayudas y se miran de mala manera? ¿Por qué las ONG que se dedican al tecnoactivismo no se hablan entre sí? ¿Por qué hay tantos malentendidos entre las feministas? ¿Por qué no hay más mezcla entre colectivos diferentes?

Cuando te asocias a un colectivo… ¿dejas de apoyar al resto? Esto a veces se parece al fútbol… eres de un equipo o de otro.