Es de esas personas que puedes pasar siglos sin ver pero -en el reencuentro- el trato sigue siendo igual. Pero cosas habían cambiado.
Sonríe mucho. Bromea como siempre. Con esa sonrisa suya que además indica que está pensando otra cosa.
Me había citado diciendo que tenía algo que proponerme. Yo ni siquiera me había hecho una idea. Me daba igual. Es de esas personas que te gusta observar y escuchar. Daba igual la intención de la cita.
No recuerdo las palabras exactas. Cómo me lo contó.
Algo me pasó. Acudí a organizaciones y psicólogxs, pero no me sirvieron de nada. Hay decepción. Yo era muy pequeña. Tenía… qué sé yo… ¿cinco años?
La sensación de herida es fuerte, pero entre los recuerdos y la boca hay nubes. Sé que ocurrió varias veces. Que lo odiaba. Que la idea viene continuamente tantos años después y no me deja.
Lo poco que me ha ayudado ha sido escribirlo y contarlo a otras personas que -de repente- se han sentido reconocidas en la historia. Que han pasado por la ocultación o por la negación de la verdad de otras personas.
Por esta razón me preguntaba qué podíamos hacer en internet. Quería un sitio simple. Con cartas. Sinceridad y anonimato.
Todavía me sorprende la situación. Mi papel en él. Que acudiera a mí. Que le pasara aquello. Que le hicieran eso. Abruma un poco. Es una de esas veces en la que te apetece andar tan rápido…
Si te ha ocurrido algo así o, si quieres estar alerta de algo que “les pasa” a más personas de lo que piensas, entra en Cartas sobre abuso sexual.
P.D.: No es algo que “pase”. Evidentemente. Es una violación, un abuso, un delito, una injusticia. Definitivamente, no es algo que les pasa a muchas personas. Como si fuera una simple anécdota. Perder las llaves.





