Llevo unos días pasando por donde Harry -la puerta del mercado Maravillas de Bravo Murillo- y no lo encuentro. En su lugar hay otro chico negro, más alto y callado, con una capucha azul.

“¿Dónde está Harry?”, nos hemos preguntado entre varios compas.

Le echamos de menos, pero nos alegramos de que no esté ahí. El problema es que… en su lugar ahora hay otra persona… el chico de la capucha azul, ¿cómo se llamará?

Esta mañana llamé a Harry. Respondió muy serio. Tardó en reconocerme, pero cuando lo hizo su tono cambió mucho. ¡Es Harry!

¿Cómo está usted? ¿Dónde está usted? ¡No me llames de usted, ni soy tan mayor ni soy tan respetable!

Me fui para dedicarme a buscar ofertas de empleo. ¿Y los papeles? Aún no.

¿Éste es el número de teléfono de usted? Sí. Podemos vernos otro día, me dice. ¡Claro, para jugar al fútbol o echar unas canastas! Es lo que se me ocurre proponerle y lo que realmente me apetece hacer.