Salgo de trabajar. ¿Estará Harry en su puesto? Conforme me acerco, no veo su negro sobre el negro de la noche. ¡Es de noche! Claro que no va a estar, es tardísimo.

Paso el sitio de siempre. Yo a mis pensamientos. Entonces reconozco un rostro familiar. Sube Bravo Murillo. Apenas me sale el nombre. Se adelanta la sonrisa. Su cara la refleja. ¡¡Eeeeyy!! Grita para saludarme, su costumbre. La gente que nos rodea se gira un poco asustada.

De dónde vienes, de la abogada, qué tal, buf, muy aburrido, mucho papeleo. ¡Eres una persona importante! Las personas importantes tienen abogada, me río. Tú sí que eres importante, you teach me things everyday, cosas importantes de la vida. ¡Sí, te ilumino en cinco minutos de conversación cada dos semanas! Me burlo de él y de sus piropos. You’re crazy, boy. Me dice que es verdad, que llevaba un mal día y que se lo he alegrado con mis tonterías.

¿Cómo me has reconocido sin mi gorro negro? ¡No sé! Era complicado porque además te movías y nunca te he visto andar. Seguimos riendo.

I like your hair. Me pregunta si puede tocarme el pelo. ¡Claro! Lo hace. Toca un único pelo y lo tensa entre las puntas de dos de sus dedos.

Yo me escandalizo. Le explico que ante una cabeza rapada como la mía la gracia está en frotar con la palma de la mano toda la superficie. Le animo a que lo haga y le gusta la sensación. Pues seguro que a mi madre no le gusta, le confieso. Me voy a Jaén mañana.

Me hubiera gustado preguntarle por su madre, pero aparece una señora. Hi! Hi! Harry, me marcho. Os dejo hablar. See ya.