El 22 de agosto estuvimos en la “plaza mayor” de Kathmandu, que se llama Durbar Square. En el camino vemos esta tienda que vende marcas y etiquetas para hacer imitaciones de ropa.

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Como en casi todos los sitios turísticos, también hay que pagar aquí. De hecho es complicadito darle la vuelta a la plaza si quieres esquivarla e ir al otro lado de la ciudad sin tener que pagar.

Al entrar en Durbar vemos este cartel de la Youth Human Rights Alliance: “Lets avoid Olympic 2008 Beijing as China is the leading country that do not follow de human rights and as they are ruling the Tibetian cultures by the great extend”.

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De todo lo que hemos visitado en Nepal esto es de lo que peor cuidado está, a pesar de que siempre que damos pasta vemos carteles que dicen que ese dinero está destinado a preservar el patrimonio.

Lo peor es el excesivo tráfico sin normas. También nos atosigan muchos vendedores.

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Una señora tira la basura junto a uno de los templos. A pesar de todo, esto es muy poco comparado con India.

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Éste es Hanuman, el rey mono. A su derecha hay una puerta que conduce al palacio real y si os fijáis en ese patio hay un caballo. Dicen que en ese patio debe haber siempre un caballo y que nadie lo puede montar.

Con estas cosas se me ocurre una idea para un cuento sobre un lugar donde las tradiciones son inventadas constantemente.

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Hay como una treintena de templos. Éste es el más alto y en Kathmandu da mala suerte construir algo más alto que este templo.

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Un árboltemplo.

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Este pequeño templo es el más importante del conjunto. En el panfleto turístico que te dan se puede leer que en el interior de este templo hay un “linga”.

Luego os enteraréis de qué es un linga, pero como ese día no lo descubrí se me ocurrió que podría inventarme un cuento sobre una palabra inventada (¿bonatero?) que está dentro de mi casa y el cuento podría ir sobre qué es y qué no es el bonatero.

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Frenta a esta figura, el rey hacía jurar la verdad a sus súbditos.

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Lo que parecen unos bongos gigantes…

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El palacio y puestos de venta de recuerdos.

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Desde aquí se ve Monkey Temple.

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Éste de abajo es el palacio de la Kumari. La kumari es una diosa viviente que se elige a los 4 ó 5 años y pierde sus privilegios cuando derrama algo de sangre, sea por una herida o por la primera mestruación.

En esta página podéis leer cómo empezó la leyenda de la diosa y qué requisitos debe cumplir.

Según esta página, la niña “es adorada por todos los nepalíes, incluso por el rey. Se la traslada a un palacio situado en una de las plazas principales de Katmandú y se la mima hasta el extremo de que no se le permite poner un pie en el suelo, siendo trasladada siempre en brazos, en unas andas, en una carroza, etc”.

El caso es que -no sé si pagando o esperando un rato- de vez en cuando la niña se asoma a ese balcón.

¿Qué os parece?

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Una señora enana conversa con nosotras.

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Hay un señor limpiando los hierbajos de los tejados. ¿Conservación del patrimonio?

De repente sueño con dedicarme a esto aquí en Kathmandu, pero seriamente, y me acuerdo de una frase que dijo David una noche: “¡¡Cuántas vidas diferentes hay!!”.

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Niñas de la calle.

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Conocemos a Cris (el bebé), Shusmita (de verde), Nisa (de naranja) y Laxmi (de rojo). Son unas niñas de Thamel.

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Shusmita (no sé si está bien escrito) es muy inteligente a sus 9 años. Le preguntamos si les gusta el cole y nos dicen que sí, pero que no van porque no tienen dinero. La educación en Nepal es de pago.

Los rincones preferidos de Laxmi y ella son Thamel. Nisa prefiere -como yo- el Monkey Temple.

A pesar de que no van al cole hablan bastante inglés. Les pregunto qué piensan de la kumari y Shusmita contesta “I pray her”.

Me acuerdo de las veces que les hemos dicho a los niños que pedían “go to school” y ahora descubrimos que en Nepal no es tan fácil ir al cole.