el blog de los proyectos de Olga Berrios

Personas sin hogar

Taquicardias en el metro

Damos cuenta de los bocadillos en el Parque de Santander. Compruebo que no sobreviviría mucho tiempo en la calle siendo vegetariana. Sé que a los musulmanes suelen respetarles lo del cerdo, pero me pregunto qué será de los celíacos y otras personas con dietas especiales.

Por cierto, sólo del albergue hasta la iglesia donde han recogido sus cinco monedas de 20 céntimos hay más de ocho kilómetros andando. El albergue está a más de cuatro del centro. Teniendo en cuenta la lejanía entre algunos recursos, podemos considerar a las personas sin hogar como atletas. Cuando tienen una entrevista de trabajo lejos, también tienen que arreglárselas como pueden. A veces es imposible.

Cuando empezó, Pedro hacía todos los trayectos andando porque no tenía un duro. Luego alguien le enseñó a colarse en el metro.

“Me daban unas taquicardias acojonantes, piensas que todo el mundo te mira”, reconoce. Con el tiempo, le indicaron determinadas estaciones donde es posible colarse con facilidad. Así que la red de metro para ellos está configurada de forma diferente.

Existe mucha solidaridad mutua, pero se construye con el tiempo. Están hartos de que otros se aprovechen de ellos, así que los días y los meses son su sistema de confianza. Cada uno se convierte en proveedor de algo, según sus propias habilidades. “Hay un corporativismo muy especial”, se ríe Gabriel.

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