“Estos son Juani, Rober y Tere. ¡Todos en la calle!”.

Así nos presentaron. Ella estaba sentada en la esquina del sofá, hojeando algo.

Si estuviera en una foto y no supiera quién es, hubiera pensado que se trata de una señora consultando cómodamente la librería de su casa en una tarde de otoño, con sus gafas resbalando por la punta de la nariz.

Pero no. Es verano.

Ella viste vaqueros, bambas y una camisa a rayas ancha. Enorme. De hombre. Pensé que probablemente no tenían otra ropa en el ropero de la iglesia al que hubiera pedido ayuda.

Música clásica de fondo. El centro de día es muy confortable. Relaja. Tiene aspecto de club selecto para viudas.

“Qué bien está esto, nunca he estado aquí”, comento.

Ella ríe dulce. Sin hablar, dice que ella tampoco hubiera visitado este lugar nunca. Si tuviera algo a lo que agarrarse.