En la asociación donde colaboro tenemos un esquema organizativo simple y fácil: el presidente organiza y los demás… ayudamos puntualmente. Es algo así como la madre y el resto de la familia en las tareas del hogar.

Así, si él no acude a una reunión o actividad, apenas se pueden tomar decisiones y se paraliza el movimiento. Pero, además, el pobre se nos quema con tanta carga de trabajo.

Es difícil establecer un reparto de trabajo porque hay muchos que se escaquean, que se aburren o que tienen que cumplir agotadoras jornadas laborales. Mientras, el presidente se convierte en hombre-orquesta porque de momento no trabaja.