Un hammam es un baño público árabe. Por la mañana, si un trapo cuelga sobre su puerta, quiere decir que hay mujeres dentro. Por la tarde el hammam está dedicado a los hombres.
Nosotras fuimos justo en un momento en el que llevábamos bastante tiempo sin agua, así que íbamos bien predispuestas.
La experiencia para los hombres, según nos contaron, fue muy diferente. Por ejemplo decían que les habían dado un masaje bastante bruto.
Yo regresé con otra cara. Sentía que respiraba, pero no sólo por la nariz. Que sentía la ciudad mejor a través de la piel.
Además, después de DOS HORAS de hamman, te quedas tan aplatanada que casi no eres capaz de moverte en todo el resto del día.
Me pareció una experiencia bastante lésbica, para qué mentir.
Las mujeres acuden con ¡maletas de viaje! repletas de todos sus enseres de higiene, ropa y hasta algo de bebida y comida para compartir en la sala seca.
Cuando nos desvestimos en la primera sala, entramos al hammam en sí. Por cierto, las chicas les hicieron ponerse un paño especial a las mujeres que tenían pareja porque las consideraban casadas.
Al entrar, encuentras a muchas mujeres, niñas y niños pequeños sentados rodeando los grifos y pilas de agua. Algunos juegan. Los vapores nublan un poco la visión. Algunas partes del suelo te queman las plantas de los pies.
Nosotras estuvimos en una de las pequeñas habitaciones anexas a la sala de aguas principal. Estábamos rodeadas de agua y vapor.
Se utilizan pequeñas palanganas para tirarse el agua desde la pila al cuerpo, lo que da también mucho juego para empapar (¿aún más?) a las demás.
Las chicas nos lavaron la espalda y brazos como se lavan ellas: con una manopla. (Me compré una que sustituye ya a mi esponja.)
Allí estábamos riendo y chapoteando cuando, de repente, las argelinas se emocionaron, empezaron a cantar y una incluso bailó la danza del vientre.
Demasié.
El hammam fue una sorpresa para mí. Tienes una idea de Argelia algo penosa y te metes en un sitio donde hay cierta intimidad y -por tanto- cierta libertad y descubres que… no sé, a mí me pareció que en muchos aspectos -como éste- están más avanzados que nosotros.
Ese tiempo que dedican al cuerpo cada semana… es una gran carencia en nuestra cultura.



















