Me ha venido a la cabeza estos días la reflexión de una profesora de inglés de mi instituto. Una vez protestó porque alguien había calificado algo injusto como normal porque se produce con mucha frecuencia.

Está bien recordar de vez en cuando que lo frecuente no tiene por qué ser normal. Es decir, no acostumbrarse a que porque algo sea frecuente (la injusticia, por ejemplo) lo tomemos como algo comprensible, normal, natural, tolerable, aceptable o qué sé yo.