El equipo de rescate del helicóptero que el miércoles salvó a seis inmigrantes de una patera a la deriva, a 220 kilómetros al susoeste de Gran Canaria, afirma que los náufragos habían roído los bordes de la embarcación, posiblemente para chupar la madera y calmar el hambre.

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La doctora Domínguez recuerda así el interior del helicóptero: (…) “Era como un túnel en penumbra. Los náufragos estaban tirados en el suelo, encogidos bajo las mandas o recostados contra la pared. No se sabía dónde terminaba un cuerpo de uno y empeza el de otro. Sus miradas eran de terror, de desconfianza. Pensé que si el miedo que reflejaban sus rostros sería debido a lo que habían pasado o a que temían que les pudiéramos hacer más daño. Algunos no tenían fuerzas ni para levantar la mirada”. (…) “Llevaban superpuestas camisetas ajustadas que se les habían pegado al cuerpo. Tuvimos que cortárselas con tijeras. Era como ir quitando capas de una cebolla”.

Ambrosio García, patrón de barco, encontró una patera con 31 inmigrantes irregulares cerca de la costa sur de Fuerteventura. Durante las tres horas que tardó en llegar el equipo de rescate, veló por la seguridad de los “sin papeles” amarrando la patera a su barco. Cuando llegó el equipo, se marchó. Minutos después, 15 inmigrantes habían muerto porque -durante el rescate- habían caído al mar.

Al preguntarle por qué no subió a bordo a todos los inmigrantes, salta el temor de muchos marinos canarios desde que la Guardia Civil detuvo a El Salao, un conocido pescador, con la asucasión de tráfico de inmigrantes: “Yo no me arriesgo a que nadie trunque mi carrera, y menos la Guardia Civil, con acusaciones sobre tráfico de inmigrantes. Ya le ocurrió una vez a uno y nos puede pasar a cualquiera, cuando todo el mundo sabe que aquella acusación es falsa”.