Algo así dijo una de las ladies el otro día:

A veces lo pienso y me da pena haberme perdido tantas cosas en la vida.

No le quisimos preguntar mucho más. Se la veía triste. Dijo algo sobre la familia, sobre apenas haber salido de casa.

Quizá no le ve el mérito a estar yendo a clase. A lo de intentar aprender a leer y escribir con casi 60 años…

Precisamente, Carol dice de esta lady que simplemente está haciendo las cosas en otro orden. “Como Rosa Regàs, que primero se casó, tuvo familia, nietos, nietas… y ahora la está montando gorda”.

Hay quienes llevan 30 ó 40 años diciendo que la sociedad es muy individualista.

Pepe, el otro día, en el seminario de educación para el desarrollo.

Esta es la historia de Asmaa y Bahija, vecinas del barrio de Lavapiés. Sus maridos se quedaron en paro. Sólo cobraban el subsidio. Las empresas ni siquiera les cogían el currículo. La situación era preocupante: “Como mujeres que tienen fuerzas, empezamos a movernos”, relata Asmaa.

bizcochos anticrisis

El suyo no es un proyecto ante la crisis de España o política o económica de Europa, se trata de la crisis de dos mujeres inmigrantes que empiezan realmente a tener problemas económicos.

asmaa y bahija

Hace cuestión de un mes, comenzaron a distribuir sus bizcochos. Reciben los pedidos a través del correo-e y organizaciones en las que particpan. Con el boca a boca, actualmente, entre las dos y sus dos hornos tienen que preparar 40 bizcochos a la semana. Los pedidos han superado sus previsiones. “Es como una película, pero una película real“.

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“Ahora nos sentimos estables a nivel económico y psicológico”. Se alegran porque pueden colaborar y además “dar alegría a las y los consumidores que están disfrutando con estos sencillos bizcochos”.

Asmaa y Bahija han contado su experiencia duranta las actividades desarrolladas por el Centro Hispano-Marroquí de Madrid para visibilizar cómo se organizan las mujeres.

“La mujer inmigrante tiene que moverse, tiene que sacar lo de dentro. Seguro que tiene algo para ofrecerlo”, subraya Asmaa.

Explican que también empiezan a recibir muchas peticiones de dulces marroquíes y se plantean cambios en el proyecto. “El bizcocho es una trampa“, ríen.

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Pedidos

Solicita tu bizcocho anticrisis en la dirección bizcochosanticrisis@yahoo.es

latifaEn Marruecos, Latifa Baali era secretaria en una empresa. Cuando se trasladó a España, descubrió que su única forma de subsistir sería trabajar como interna en una casa.

“Además, incluso para este tipo de trabajos, para las marroquís es complicado que te contraten, y más para las que llevan pañuelo”, protesta.

Finalmente, consiguió un puesto en un pueblo de Toledo. Ella sola tenía que limpiar un chalet de tres plantas, cuidar a tres niños y a cinco perros, mantener la piscina, cocinar, planchar, hacer la compra…

En régimen de esclavitud

Recuerda cómo, en una ocasión, le despetaron a las tres de la madrugada para que buscara una bufanda que se habían dejado en el coche. “Mi habitación estaba en la planta baja, pero apenas la utilizaba porque me pasaba el día trabajando”, explica, “y decían que yo era como de la familia”.

Los pocos ratos que libraba, le presionaban para que siguiera en casa “porque no había acabado el trabajo”. Pero siguió “aguantando” porque no tenía muchas más oportunidades. Le pagaban con retraso e incluso llegó un momento en el que le debían dinero atrasado.

Por fin, Latifa decidió reclamar su dinero. Pero no querían entregarle el suelo completo, 750 euros, y le pusieron todo tipo de pegas: “Incluso me acusaron de haber roto una cama”.

Finalmente, cogió el dinero que le ofrecían y se marchó: “Les dije que aunque no tuviera papeles tenía derechos humanos”.

En la agencia de empleo que le había puesto en contrato con su jefa tampoco le ayudaron mucho más, “sólo me dijeron que buscara otro trabajo”.

Caso ganado

Fue en la agencia de Precarias a la deriva donde encontró apoyo y le animaron a denunciar a su jefa, un paso que parece imposible -e incluso arriesgado- si no se tienen papeles.

Su jefa negó que hubiera trabajado con ella. Incluso le amenazó con denunciarla por robo. “Me quiso meter miedo, pero con esto me metió más ganas de luchar”, apunta. Y añade: “Yo no quería ganar más de lo que me correspondía, sólo quería que me dieran lo acordado”.

El juicio y la intermediación se celebraron finalmente en 2007. Lo prepararon muy bien, llevaron una grabadora y carteles sobre la esclavitud, declararon personas de la agencia de empleo y de la asociación como testigos. Una compañera de Precarias hizo la mediación y, finalmente, su jefa tuvo que aceptar todo.

Las conclusiones de Latifa

“Aunque no tenía papeles, ganamos”, anuncia orgullosa. “Desde entonces creo que tenemos que luchar por nuestros derechos y, además, que no podemos luchar solas”.

Actualmente, Latifa ya tiene papeles. Ha seguido haciendo un trabajo de 12 horas por 700 euros al mes, del que le han echado por reclamar su derecho a la seguridad social.

Latifa ha contado su experiencia duranta las actividades desarrolladas por el Centro Hispano-Marroquí de Madrid para visibilizar cómo se organizan las mujeres:

“La crisis está siendo muy dura, pero no hay que llogar -concluye-. No es que la crisis nos esté afectando, es que la estamos pagando nosotras. Porque, sin nosotras, no se mueve el mundo”.

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28 de marzo, manifestación por los derechos de las empleadas domésticas

Cosas que te pueden pasar en Madrid. O debería decir en Lavapiés. Sales de una actividad y te encuentras a un grupo de gente trasladando una cúpula por la calle, al son de una banda de música.

moviento la cúpula

Se trata de la cúpula que estaba en el Solar de la calle Olivar, que cierra, y lo movían a otro solar: Esta es una plaza.

moviento la cúpula

el beso